< Inicio
Esperando no tener los problemas que el año pasado me causó el
overbooking con Iberia, y al volar esta vez con Royal Air Maroc, me
dirijo felizmente y con muchas horas de antelación a la flamante
terminal 4 del aeropuerto de barajas tras el tren desde Jaén, luego el
cercanías hasta Nuevos Ministerios, más tarde el metro hasta Barajas y
finalmente el autobús lanzadera que me dejaría en la moderna terminal.
Facturo tres horas antes sin problemas y consigo mis dos tarjetas de embarque (una de Madrid a Casablanca y otra de esta última a Bamako), aunque el tipo del mostrador se asegura con una llamada telefónica de si me puede dejar embarcar hacia Mali sin tener visado. Yo sólo llevo un fax en el que el Ministerio de Comunicación maliense me invita cordialmente, y espero que sea suficiente.
Como era obvio, los problemas no iban a tardar en hacer acto de presencia, y el vuelo que estaba previsto a las 21h50 se retrasa a las 00h05, perdiendo así el trasbordo al avión siguiente. En otras palabras, me voy a quedar colgado un día en Casablanca. Tras decidir rápidamente que es mejor esperar un día en Marruecos y luego volar a Mali a quedarme en Madrid a riesgo de un nuevo retraso, me subo al avión con resignación y cansancio después de pasar casi todo el día en la terminal aeroportuaria, con el libro que tenía previsto leer durante las dos próximas semanas casi devorado.
Tras poco más de una hora de vuelo a Casablanca, aterrizamos satisfactoriamente en un pequeño aeropuerto que no se corresponde con el tamaño de una ciudad con más de tres millones de habitantes. Consigo mi nueva tarjeta de embarque para el día siguiente a Bamako y tras algunas gestiones me facilitan un papel donde me aseguran hotel y desayuno hasta mañana a las 20h00, hora a la que debo coger el autobús que me lleve de nuevo al aeropuerto. Decido dejar mi equipaje facturado, para facilitar mis movimientos, y esperando que no se les olvide meterlo en la avión al día siguiente.
Tras un poco de desorientación debido a la desinformación, aparece finalmente el autobús que nos lleva hasta Casablanca y al hotel (no sin calarse antes en la autovía). Agotado y deseando ducharme me dirijo a la habitación sin más planes que hacer un poco de turismo al día siguiente a pesar de que una chica me desaconseja tal opción pues, según dice, "es una ciudad peligrosa".