< Inicio
Toda la noche lloviendo sin parar, pero lo que se dice sin parar. Una tormenta permanente se ha adueñado de Bamako y alrededores, por lo que nuestros planes de viajar a Koulikouro se han trastocado. Hemos aprovechado para recuperarnos de la noche anterior, copiar música, (espero que la SGAE de Mali no nos siga la pista ;-)) y hablar con la familia a través de Skype, gracias a la magnífica conexión wifi que tenemos. Según me ha detallado Dominique, la línea que montaron no iba muy bien, así que ni cortos ni perezos los de Afribone instalaron una antena de 6 metros en el techo. Ahora sí navegamos viento en popa a toda vela, lo que me permite, entre otras cosas, publicar este blog cada día.
Afortunadamente la tormenta se ha calmado y hemos podido llamar al
chófer para que nos diera una vuelta por las afueras de Bamako, hasta
algún lugar donde poder disfrutar de un buen panorama de la ciudad, el
río Níger y la inmensidad natural que nos rodea. La pobreza fuera de
la ciudad es todavía más patente. El lugar elegido para disfrutar de
unos refrescos era una casa con una habitación y un porche, sin
puertas ni ventanas, en cemento carcomido. No obstante sobre dicha
construcción figura el digno cartel de "restaurante". Un tipo corta la
carne sobre un tronco en una esquina del porche y una mujer cocina
sobre el fuego en un viejo cuenco de metal.
Tras hacer unos kilómetros regresamos adormecidos a Bamako, donde nos espera la casa y la siesta para algunos, y NO precisamente para el español, que está aquí retocando fotos y escribiendo esto, aunque estoy muy orgulloso de cómo me ha quedado la bandera de Mali montada con fragmentos de las fotografías que he tomado a lo largo del día :-D
A parte de esto, contar que Samuel está un poco pachucho, y que espero que se recupere pronto, no sólo de porque a nadie le gusta estar malo, si no también porque cada uno de nosotros es un miembro fundamental del equipo y mañana debemos seguir con la tarea sin tregua alguna si queremos terminar a tiempo y cumplir los hitos marcados.