Proyecto en Lesotho

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Jueves, 20 de octubre

Hoy el día se ha levantado soleado y tíbio, qué bien. La jornada ha discurrido sin problemas, hoy por fin hemos llegado puntualmente a clase. Mejor que mejor, porque lo explicado este día ha sido bastante duro para ellos (y para mí, que he acabado muy cansado). Les he impartida las primeras nociones de configuración del sistema, y ya han empezado a pelearse con la "shell": copiar y mover ficheros, crear y destruir directorios, crear y borrar usuarios, cambiar permisos, programar sus primeros scripts, jugar con los "pipes" y las redirecciones, etc. Le han visto las orejas al lobo, y en muchos momentos he tenido que pararme para atender personalmente a algunos de ellos, con objeto de evitar que se quedaran rezagados por la dificultad de la materia. No es que sea difícil, la verdad, pero para alguien que no está acostumbrado a una línea de comandos resulta complicado asimilar todo lo que hoy hemos visto.

Tras la clase, Jean-Jacques y yo hemos puesto en marcha el repositorio con los paquetes debian me que descargé de la red y grabé en un CD cuando estaba en Jaén. Aparte de algunos nombres de ficheros incorrectos que ser resolvió prontamente, el repositorio funciona maravillosamente, por lo que mañana podremos hacer las primeras prácticas reales de instalación/desinstalación de software.

A la noche fuimos invitados a cenar en el restaurante chino de uno de los hoteles más caros de la zona (si no el que más). El secretario de no sé qué ministro y la directora del Ministerio de Comunicación querían charlar con nosotros. Ha sido una velada muy agradable, aunque el tipo era bastante estirado, pero no hay nada que un par de vasos de vino tinto no suelten ;-)

Tras la cena, y mientras el resto buscaba los coches, Dominique y yo hemos entrado en el casino, como un par de curiosos, para ver qué se cocía por allí. Me he quedado impresionado por tres cosas:

  1. La habilidad con que mueven las cartas y las fichas los coupieres y jefes de mesa
  2. La de horas que se pasan algunos delante de las tragaperras (por la postura de unos cuantos, casi diría que les faltaba la cama)
  3. Lo rápido que pierden el dinero los japoneses jugando al Black Jack

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