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El autobús me deja en la Estación Sur de Madrid tras 5 horas de viaje desde Jaén. Cojo el metro y en unos 40 minutos estoy en el aeropuerto. Aún quedan más de tres horas hasta que salga mi vuelo, por lo que considero que voy con tiempo suficiente para facturar mi equipaje. El avión sale a las 00h35 en dirección a Johannesburgo. La idea era encontrarme con Dominique y con Jean-Jacques (un ruandés que está terminando sus estudios en Ginebra) en Johannesburgo para de allí tomar otro avión a Maseru, la capital de Lesotho.
Pero los problemas empiezan: hay overbooking, lo cual quiere decir que Iberia ha vendido más billetes que asientos tiene el avión. Es lamentable que algo así sea legal. Esto calienta los nervios de todo el mundo, y para mí representa un grave problema. Le explico al personal de Iberia que tengo que coger luego otro vuelo, que no puedo perderlo, pero me dicen que como ese vuelo no es contratado con Iberia no se hacen responsables. El avión sale y yo no voy en él. Tengo que esperar todo un día para coger el del día siguiente. Consigo hablar con Dominique por teléfono, se enfada, maldice y me indica que ellos están en Zurich, a punto de coger su vuelo a Johannesburgo sin problemas.
No me queda más que resignarme a la situación, así que facturo mi
mochila para el día siguiente y me voy a dormir a un hotel (que pone a
mi disposición Iberia, menos mal). Ceno en el hotel con la
preocupación de que no sólo voy a perder un día, sino tal vez dos,
pues cuando llegue ya no será válido mi billete. El personal de Iberia
revisó la base de datos de la compañía South African Airways para ver
si tendré problema en conseguir un vuelo para el lunes: todo está
completo hasta el miércoles. ¿Qué hacer? Tenía tres posibilidades:
La tercera posibilidad la descarté rápidamente, mucha gente había trabajado durante mucho tiempo en este proyecto y no podía dejarlo así. La primera implicaba que no empezaría el curso hasta el jueves, con lo que casi habría perdido una semana. Mi compromiso era grande y no estaba dispuesto a aceptar algo así. Dos semanas ya era poco tiempo. Confirmé mi vuelo para el día siguiente. Como decía, ceno con la preocupación de que, como fuese, tenía que conseguir un medio de trasporte a Maseru para el lunes.