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Hoy es sábado, pero eso poco importa, hoy también hemos trabajado para intentar tener para la semana que viene el mayor número posible de ordenadores. Aunque nos planteamos sólo trabajar hasta las dos 14h00, al final hemos continuado hasta las 16h00, con lo que se ha convertido en otro día a fondo más. Hemos comenzado la instalación de servidores. Ha nivel técnico todo a ido de maravilla: la red no ha caído, no hemos tenido demasiados cortes de luz debido a las precarias instalaciones eléctricas, y el servidor principal ha realizado su trabajo a la perfección, ofreciendo los paquetes Debian desde su repositorio. La idea es que entre hoy y el lunes los servidores y unos cuantos clientes más queden listos para ser instalados en los primeros centros. Por tanto, de martes a viernes iremos a las escuelas secundarias, a los hospitales, y a las oficinas de correos para ir instalando equipos y dejarlos funcionando. Este proyecto no deja cabo suelto. Antes de desenchufar los clientes les hemos pasado unos fondos de pantalla con el texto open source solutions for Lesotho, y les ha gustado mucho, pues están basados en la planta más típica del país y en el lugar donde se encuentran las tumbas de todos los reyes que los Basotho han tenido a lo largo de su historia (y que creo que visitaremos mañana).
Hemos apilado los clientes configurados ayer y hemos puesto las máquinas que harán la labor de servidores. Los servicios básicos que ofrecerán serán los de acceso a la red, repositorio de software y poco más. De cualquier manera, el software que hemos traído permite muchas más cosas. Desafortunadamente cuatro máquinas han dado problemas de disco duro, pero gracias a los CDs que Dominique tenía preparados para la verificación a bajo nivel de las unidades, éstas han podido completar la instalación sin problemas posteriores.
Mientras me tomo el té de media mañana, se siento afuera, sobre la hierba, y uno de los alumnos viene a hacerme compañía. Él es profesor de la escuela superior, y me cuenta orgulloso en perfecto francés que ha estado en muchos países. Yo le digo que este país es muy bonito, y que pueden hacer que llegue lejos y el asiente plenamente convencido.
Me alegra notar que cada vez son más rápidos trabajando desde la
shell, y que son menos las veces que tengo ir a resolver una coma, un
nombre de fichero mal escrito, etc. (en vez de llamarme trescientas
veces, pues hoy me han llamado doscientas). Al final han conectado con
el repositorio del servidor de la red local y han instalado
Apache. Les ha hecho mucha ilusión ver cómo las máquinas que acaban de
configurar servían páginas web con las pequeñas modificaciones por
ellos introducidas. Poco después instalarían PHP y, tras comprobar que
también funcionaba, hemos tenido que dejarlo, pues ya eran casi las
16h00. Total, que el lunes terminaremos de configurar las máquinas.
Tras discutir quién se apuntaba a la excursión del día siguiente, nos han acercado al hotel tres de ellos. Yo, como era sábado y hacía buen tiempo, pues les pregunté por la cerveza local. Dos horas más tarde estábamos todavía en la terraza del hotel, terminando otra lata de "Maluti" (espero que no llegue muy abollada a España) y con la historia del país aprendida. Hace más de cien años, los sudafricanos vinieron a invadir esta tierra montañosa, que se componía de muchos pueblos diferentes. Todos los jefes de la zona vinieron a Maseru buscando la protección del rey (Morena en Basotho) Moshaeshoe. El rey llevó a todos los pueblos a lo alto de un calar no lejos de la capital, que tenía una única vía de acceso a la parte superior. Esta montaña "se hacía más alta y grande al caer la noche", según la leyenda, y los sudafricanos no pudieron, por tanto, atrapar nunca a los Basotho refugiados arriba. Es una historia muy curiosa, y espero que podamos visitar este lugar mañana.
Esta noche hemos sido invitados a cenar otra vez en el hotel más caro de la zona, pero por el mismo Ministro de Comunicación. Con una camisa prestada (gracias Dominique) partimos en taxi a este hotel situado en lo alto de una colina, con magníficas vistas a Maseru y las próximas montañas. Llegamos y nos indican que esperemos donde la piscina, y eso hacemos mientras disfrutamos de la panorámica. Poco despues nos damos cuenta de que la cena es donde estaban preparadas unas mesas redondas para unos cuarenta comensales o más. Es la celebración del día de correos, y colegas de Sudáfrica participan de una especia de hermanamiento entre profesionales del mismo ramo. Llega el ministro rodeado del típico séquito de una persona importante, y nos saluda. Nos indican que nos sentemos con ellos en su misma mesa, y dada la cantidad de gente que se tenía que sentar con él por cuestiones de protocolo, terminamos con un montón de sillas entorno a la mesa y con dificultades para alcanzarla. No sé cómo, pero un par de copas de vino más tarde todos entrábamos allí perfectamente.
La cena estaba organizada como un buffette, (¿o se dice bufé?, seguro que Cristina lo sabe): llené mi plato de ensalada y me dirigí a un bicho empalado que estaba dando vueltas sobre unas brasa enormes. Unos de los camareros se situó detrás inmediatamente, y cogiendo los útiles de trinchar me cortaba un buen trozo de aquel pobre animal, pero con una pinta deliciosa, mientras contestaba a mi pregunta y me informaba de que iba a comer cordero (doble de contento, me encanta el cordero, no hay carne más sabrosa).
Cené mientras un alto responsable del sistema de correos sudafricano me contaba toda la inversión en tecnología que estaban llevando a cabo en su país para el sistema postal: correos como sistema de certificación digital, camiones con ordenadores para llegar hasta los lugares más recónditos y ofrecer servicios de administración electrónica, etc. etc. etc. Realmente interesante. La cena acabó cuando subieron el volumen de la música, y todo el mundo se puso a bailar una especia de reagge acelerado, Dominique el primero. A mí los pies se me iban, pero como me conozco preferí jugar el papel de curioso observador antes de bailarín desvergonzado.
A sobar, que mañana nos vamos de excursión a las 8h00.