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Llegamos a las 8h45 al lugar donde se imparte la formación. El chófer encargado de llevarnos ha llegado media hora tarde (no será la última vez que lo haga). La gente cruza la calle por cualquier parte, y eso unido al hecho de circular por la izquierda hace que busque con ansiedad el cinturón de seguridad cada vez que me subo a un coche aquí (aunque no siempre está, por como nadie se lo pone, pues lo quitan). Es día de clase y los alumnos llevan indumentarias propias de la educación inglesa, lo que será legado de esta antigua colonia británica.
Cuando llego todos los alumnos están listos para comenzar la clase. La
sala es pequeña, y las clases se dan en una barraca. Afortunadamente,
Dominique y Jean-Jacques han hecho un buen trabajo, pues quince
ordenadores y conectados en red y a internet a través de un servidor
están totalmente operativos. Ya han instalado Ubuntu por primera vez,
así que yo comenzaré la clase obligándoles a instalarlo una vez más,
pero con el /home en una partición aparte. Me presento y de
inmediato empiezo con mi tarea, con un inglés un poco rígido al
principio, pero que vuelve a la fluidez de viejos tiempos tras unos
minutos sin parar de explicarles cómo hacer esto y aquello. Ellos
escuchan atentamente y todo les parece muy interesante. Intento ser
ameno y todas mis bromas son bien recibidas, les anima que la clase
sea distendida.
El grupo de estudiantes está formado por jóvenes que trabajan para el Ministerio de Salud, las Escuelas Superiores y el Ministerio de Comunicaciones. Aunque el nivel entre ellos es muy variable, todos se muestran muy activos, lo cual me motiva a explicarles cuanto más pueda mejor. Mientras el sistema va instalando yo les cuento de qué va eso del "Open Sources", y todos escuchan encantados mi historia, preguntándome sin temor sus dudas en un perfecto inglés. Creo que me he ganado a la clase en el primer día, porque cuando llega la hora del té se acercan a mí para hacerse con mi confianza. Qué majos.
Estoy tan atareado preparando cosas, que no tengo tiempo ni de tomar
fotos, ni de ir a comer: quiero recuperar el tiempo que Iberia me hizo
perder. Acabo agotado, y añadiendo el olvido de no prepararme una
botellita de agua, cuando termina el día de clase tengo la garganta
como un trapo y la cabeza a explotar. Pero todos están muy contentos y
desean continuar mañana.
Un alumno nos lleva al hotel, a eso de las 16h30. Me voy directamente a echarme una siestecita, que merecida la tenía. A eso de las 19h00 (ya estaba despierto y preparando cosas en el portátil, que conste), suena el telefono: es Dominique, me dice que vaya a su habitación porque está allí la directora de Ministerio de Comunicación o algo así, y quiere conocerme. Me presento y me encuentro con una señora joven y reservada que me estrecha la mano al estilo local (apretón, cruce y agarre sobre pulgares, apretón). Ella nos habla entre otras cosas de la nueva ley de servicios digitales que su gobierno está preparando, y nos saca el tocho para que le echemos un vistazo. Básicamente han recogido en un solo texto la protección de datos personales, el comercio electrónico y la firma digital. No está mal. Jean-Jacques se nos une poco más tarde y después de un par de intercambio de ideas más se marcha y nos vamos a cenar al restaurante del hotel, donde nuestra curiosa camarera nos espera no sé si alegremente (es que es muy rara).
Y después, me meto en la cama y me pongo a leer "Hyperion" con avidez. No pararía hasta dos horas más tarde, muerto de sueño.